¿Renunciaremos a pensar?
- Eva Gómez-Fontecha

- 35false18 GMT+0000 (Coordinated Universal Time)
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 16false42 GMT+0000 (Coordinated Universal Time)

Intervención sobre Pierre noire de Anna-Eva Bergen (1970) es un trabajo en el que he querido condensar que lo digital no tiene por qué anular lo analógico.
Estamos en pleno hype (burbuja) de la Inteligencia Artificial. Tanto, que llegamos a representarla como un holograma humano que supervisa con su poder omnímodo el destino de nuestras vidas. Esta mitificación es una clara manipulación destinada a crear hipotéticos escenarios que, dependiendo del espectro donde nos situemos, tenderán a ser apocalípticos (el trabajo desaparecerá, estaremos controlados 24/7) o mesiánicos (viviremos en un mundo donde todo funcionará como un reloj).
El peligro no es la máquina, es el humano. El riesgo es que utilicemos herramientas sesgadas o defectuosas para tomar decisiones críticas (justicia, medicina, contratación). Y que se usen los algoritmos "caja negra" para perpetuar cuestiones como el racismo o el sexismo sin que sepamos por qué se toman esas decisiones, advierte Ramón López de Mántaras, pionero de la IA en España y profesor del CSIC
Se abre ante nosotrxs un cambio de era, como lo fue la revolución industrial que modificó el concepto del tiempo, del trabajo y de las relaciones.
La IA implica nuevo modelo de sociedad y hemos dejado el poder del mundo en manos de unos niñatos que están cambiando la democracia. El antídoto es no utilizar las redes sociales porque en ellas este lobby proyecta su poder, explicaba el profesor Mateo Valero, director del Barcelona Supercomputing Center, en una conferencia sobre ¿Quién maneja la IA?
Conscientes de que la IA no es un ser supremo por su inteligencia y de que sus promotores hoy en día son esos oscuros núcleos de poder tecnológico, deberíamos poner límite a nuestra exposición mediática digital, nunca creer el relato que se nos cuenta y pedir a los estados que asuman la responsabilidad normativa para controlarla y la iniciativa de desarrollar una IA para el bien común.
Ahora que tenemos los pies en el suelo, veamos el efecto que este socio de diseño genera en las cuatro escalas urbanas definidas en el ciclo de cine Maquinas de Habitar, exhibido recientemente en Matadero Madrid.
En la ciudad
Su presencia en los procesos de organización de las grandes urbes constituye un gran avance. La creación de los Digital Twins (gemelos digitales) a imagen y semejanza de las ciudades sobre las que queremos actuar permite analizar datos e implementar procesos que ya están optimizando el tráfico rodado, el consumo energético, la planificación del transporte público y muchas otras variables.
Resultado de esas investigaciones son ciudades gestionadas digitalmente (Smart Cities). El Virtual Singapore, por ejemplo, es capaz incluso de prever cómo pueden propagarse las enfermedades o cómo construir mejor para atenuar los efectos del ya indiscutible cambio climático.
Lamento que las decisiones urbanísticas a menudo dependan de decisiones políticas cambiantes (donde un alcalde deshace lo que hizo el anterior) en lugar de basarse en criterios técnicos y científicos. El urbanismo debe recuperar el rigor que ya intuían figuras como Ildefons Cerdà, declara Ramón Gras, investigador de Innovación Urbana en la Universidad de Harvard y cofundador de Aretian
El problema de esta ciudad inteligente es que tiende a convertirse en una maquinaria eficaz y mortecina que sofoca todo impulso humano que pueda brotar en ella.
En el barrio
Aplicada a un contexto más próximo, nuestra herramienta puede descubrir a través del comportamiento de los vecinos cuáles son sus necesidades y sus hábitos, si faltan parques, si no hay suficientes colegios o gimnasios, si se accede a todos los bienes de consumo que la comunidad necesita, si escasean las infraestructuras para atender a las clases pasivas, si se puede fomentar una mayor interrelación social que ahuyente el gran problema que es la soledad en la era digital.
El anverso de esta moneda es que el barrio sea analizado como generador de recursos económicos y los grupos sociales más deprimidos sean excluidos de todos los planes de inversión dejándolos en el abandono institucional con la única fuerza de cambio en manos de los vecinos. Tanto dato puede también constituir un factor de exclusión que profundice en la desigualdad social.
En la vivienda
No cabe duda de que un edificio inteligente sube muchos peldaños en la escala de habitabilidad, confort térmico, ahorro energético, aprovechamiento del espacio interior.
Nos encanta ver en esas películas donde las viviendas son domóticas, luminosas, limpias y escasamente amuebladas. Pero, ajustándonos a la realidad, ese modo de vivir sólo está al alcance de las clases adineradas. Como sucede con el barrio, el uso de la IA constituye aquí una brecha social.
En la habitación
El ámbito privado es donde el uso de la IA me parece más peligroso. En contacto directo con los humanos, su influencia toca directamente nuestros sentimientos, nos modifica como personas y así dejamos de amar, cantar, conversar y pensar. Nos convierte en escuálidos supervivientes atrapados en nuestras propias vidas.
¿Por qué delegamos nuestros pensamientos y decisiones en sus gélidas manos? ¿Por qué nos conformamos con su compañía y abandonamos toda corporalidad como cuando tenemos amigos o amantes? ¿Por qué olvidamos el placer del conocimiento y la conquista de nuestra independencia? Porque estamos perdiendo la soberanía de nuestra atención. Es clave ser conscientes de esto.
La IA puede ser el síntoma de una barbarie moderna nacida de la falta de imaginación y de una "pereza existencial". Al delegar nuestra voluntad y juicio crítico en sistemas que buscan la eficiencia máxima, corremos el riesgo de externalizar el pensamiento, convirtiéndolo en un procedimiento mecánico fuera del sujeto, reflexiona el filósofo italiano Giorgio Agamben.
La ciudad hipereficiente genera una soledad inmensa. Estoy convencida de que la necesidad biológica de pertenecer a un lugar, a un grupo, a una familia, hará que la gente despierte porque la digitalidad no tiene recetas para sanar el desconsuelo humano.




Comentarios